Desvaríos musicales 1

 

Es lo que tienen los atascos en días lluviosos, que la cabeza vuela, y afloran recuerdos de lo más variopintos. Y he recordado que en casa teníamos un tocadiscos de maleta, con bastante recorrido el pobre, y ésa era nuestra única ventana al mundo exterior junto a una radio que sonaba bastante aburrida. Y en el tocadiscos siempre había señores chillones cantando en italiano, la única música de verdad, como diría mi padre. Y llegó mi primer disco. Elvis Greatest Hits. ¿Elvis?? ¿pero quién es ese carca? Pudo incluso ser peor, la otra opción era Sinatra, muy adecuado para un adolescente a finales de los 70. Lo siguiente en llegar fue el Doble Azul y el Doble Rojo de los Beatles. Otros carcas. Era muy pronto, todavía no estaba preparado, aprendería con el tiempo. Sobreviví a base de material prestado (daba lo mismo, era una esponja, lo mismo sonaba Jethro Tull que Abba o Genesis). Y ponía mi disco favorito, el primer grandes éxitos de Queen, hasta que lo rayé. Y también tenía un pequeño radiocasete con grabadora de voz (¿alguien usaba la grabadora?) que sonaba peor que mal, pero que fue un compañero inseparable (en esa época no había más recursos). Mi primera cinta, Leño. Y en el bajo de mi edificio vivía un vecino yonqui que necesitaba pasta y me vendió por dos duros el casete del Paris de Supertramp, otra revelación. Y entonces no sabía si me gustaba más Queen o Supertramp. Por entonces ya habían llegado los 80, la oferta musical era abrumadora. La pandilla era numerosa, bajábamos al parque con las litronas de cerveza y el “loro”, eran tiempos de Asfalto, Barón Rojo y ACDC. Alguno prefería a Pink Floyd (pero de la época posterior a Syd Barrett, no éramos tan progres) o Yes. Otro era fan del Boss (a mí me ponía un poco nervioso cómo se le inflaban las venas al cantar). Y alguien decía que había un grupo con buena pinta, llamado U2, pero que era mucho mejor Big Country (¿alguien se acuerda de Big Country?) Y eran tiempos de comparaciones ¿quién te gusta más, Spandau Ballet o Duran Duran? ¿Olé Olé o Mecano? ¿quién canta mejor, Alison Moyet o Annie Lennox? ¿Robert Smith o Morrissey? Y en el edificio de al lado inauguran una tienda, Discos Lupus, el dueño es un tipo calvo que dicen que es el teclista de La Mode. Y me compro dos discos, el Five Miles Out de Mike Oldfiel y el Architecture & Morality de OMD. Toma ya. Y mis padres me regalan un pedazo radiocasete de Sony con ¡¡doble pletina!! El sueño de aquellos años. Me convierto en comprador asiduo de cintas TDK y Maxell. Ya puedo grabar a destajo, y tener los famosos megamix de mi amigo Jorge, que nos amenizaba los recorridos en coche con Modern Talking, Spagna, Ryan Paris y similares. Y pones la radio. Y siempre suenan Michael Jackson, Madonna o Prince. Y lo que es peor, Jason Donovan, Bross o Rick Astley (dónde estará el bueno de Rick). Los sábados por la mañana son duros, son días de resaca, y mi madre pone el tocata a todo trapo (yo creo que lo hace adrede). Canta a dúo con la Callas el aria de la locura de Lucia di Lammermoor. Y la casa retumba (mi cabeza también) con la estupenda cadena Pioneer de reciente adquisición. En esa época compro discos de todo tipo (ayy, la Metralleta) y comienzo a cubrir lagunas. Vuelvo a los Beatles (nunca debí dejarles), los Stones, los Who y los Kinks. Frecuento todo tipo de garitos y descubro que me encanta el soul (éstos sí que llevan la música en la sangre). Aretha, Otis, Jackie, Smokey, Marvin… Marvin, nunca te echaremos de menos suficientemente. Y llega la era de la MTV. Y el vídeo VHS (algún avanzado tuvo Beta o 2000). Y la música, además de escucharse, se ve. Y un día veo el vídeo de The one I love de R.E.M., y les juro amor eterno (si es que eso se puede hacer con algo o alguien).

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Montserrat Caballé, la última diva

Montserrat Caballé

 

“La Caballé no fue solo una gran soprano. Fue un fenómeno vocal, un “monstruo” operístico en la acepción más compleja que pueda sospecharse. Una figura hegemónica cuya pintoresca y dolorosa agonía la ha alejado del altar, pero el fuego y Norma estará siempre entre sus cuerdas vocales.” Rubén Amón (El País)

 

Casta diva – Norma (Vicenzo Bellini)

 

La soprano catalana falleció el pasado 6 de octubre. Con su muerte estamos seguramente despidiendo a la última gran diva de la ópera. Como todo artista relevante, tiene sus defensores y detractores. Los más puristas criticarán su coqueteo con otros géneros musicales, sus altibajos, algunas malas elecciones… o más recientemente sus problemas con Hacienda o un esperpéntico anuncio que todos padecimos. Pero no debemos perder la perspectiva, Montserrat Caballé será recordada como una leyenda. Una voz prodigiosa, una personalidad arrolladora, que traspasó las barreras del circuito operístico para convertirse en un personaje popular y respetado en todo el mundo. Un mito que empezó a forjarse cuando el New York Times formuló esta curiosa combinación: Callas+Tebaldi=Caballé.

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