Dos mujeres descalzas: Carrie Fisher y Eve Babitz

Soy un mal lector, o al menos soy muy malo recordando lo que leo. Trataré de recordar juntos dos libros que he leído.

Sé que me senté a leer la autobiografía de Carrie Fisher poco después de su muerte; mi registro de Goodreads me ayuda y me dice que leí el libro en enero de 2017, al mes siguiente de que muriera la actriz, guionista y escritora. Recuerdo que lo busqué en la biblioteca (no lo tenemos, ni ninguno de sus libros) y compré en Amazon el libro en papel. Supongo que vendieron todos los ejemplares disponibles y los repartieron por el planeta; creo que puedo considerarme afortunado por haber conseguido el mío en las primeras semanas.

Queremos tanto a Carrie.

Carrie Fisher escribió este libro autobiográfico a partir de los textos que ella misma preparó para su espectáculo (un monólogo) del mismo título que representó en Broadway; a partir del monólogo surge además una película emitida por HBO, vendida en DVD y que hoy se puede ver en alguna cadena de vídeo por suscripción. Todo se pudo comprar al mismo tiempo: las entradas para el espectáculo en los teatros, el libro y la película, y eso es un posible resumen de la vida de Carrie Fisher, siempre expuesta, como en un escaparate, como si estuviera en venta. El hecho, además, de que después de muerta se haya seguido usando su imagen (escenas pregrabadas e imágenes virtuales creadas casi como si fueran dibujos animados) en las nuevas películas de la saga Star Wars, pincha sobre la misma herida que la actriz y escritora nos cuenta durante todo su libro: ella fue siempre un producto.

La protagonista de la primera trilogía de la saga Star Wars (La guerra de las galaxias 1977, El imperio contraataca 1980 y El retorno del Jedi 1983) comienza y acaba su libro riéndose de sí misma en un tono de cruel sarcasmo, y tras dejarse por los suelos (en el teatro, literalmente) inicia una crónica de su infancia y juventud, en la que su madre -actriz famosa- y su padre -famoso cantante- acaban también descabezados, como descabezados quedan los galanes de estas películas –Harrison Ford especialmente- el creador de la saga George Lucas -al que se somete a una precuela del #MeToo- sus ex novios y ex maridos –Paul Simon recibe también lo suyo. No vayan a creer con esto que este libro es un ajuste de cuentas acusatorio al estilo de una confesión de famosa venida a menos en un programa televisivo; más bien lo veo como un psicoanálisis a cielo abierto, repleto de frases lapidarias, de incisivas reflexiones, y de impresiones sobre la vida de una chica rica y famosa, alcohólica y drogadicta, en una ciudad de Los Angeles donde se venden todos los pecados. Comencé el libro queriendo a Carrie, la princesa Leia Organa que debe ser salvada de los malos, y acabé el libro queriendo a Carrie, una mujer sola alzando su voz en un escenario en un tono quijotesco, ella sola salvando a los malos y a los buenos.

Eve Babitz, o Hollywood es Babilonia.

Eve Babitz: no, tampoco tenemos ninguno de sus libros en la biblioteca, aunque si sabemos buscar dentro de algunos de los que sí tenemos seguro que la encontramos unas cuantas veces, porque habrá pocos libros sobre Marcel Duchamp que no reproduzcan en su interior la famosa foto del artista jugando al ajedrez con una modelo desnuda, que resulta no ser modelo sino Eve Babitz: surfista, ilustradora de portadas de discos, periodista y escritora. Ahijada de Stravinsky, novia de Jim Morrison, Eve Babitz se convirtió en uno de los iconos de la movida artística y cultural de Los Angeles en los 60 y 70. En 2018 se publicó su primer libro traducido en España (El otro Hollywood, por Random House) de modo que quizá en adelante veamos más obras suyas en las estanterías.

Me siento a leer el libro de Eve Babitz porque me contaron que era la historia de iniciación de una escritora; leo en inglés y avanzo por el vocabulario y aguanto la tentación de consultar un mapa de California mientras leo. Un sencillo deslizar de las yemas de los dedos sobre la pantalla y podría salir de dudas -sin apartarme demasiado del libro- sobre el aspecto que tiene el árbol llamado Jacaranda (como la protagonista) o la distancia entre Sacramento y Los Angeles. Sex and rage es una novela de tono autobiográfico poco oculto -ha cambiado unos cuantos nombres pero las experiencias son las mismas- de modo que Jacaranda es Eve, Los Angeles es Los Angeles y Nueva York es Nueva York.

Entre estas dos ciudades se desarrolla esta novela de iniciación en la que nos hablan de fiestas, alcohol y drogas, de coches y de tablas de surf, de casas abandonadas en la playa y lujosas oficinas en rascacielos, de amigos traicioneros y de amigos traicionados, de artistas bohemios y de empresarios de éxito.

©1963 Julian Wasser

Eve Babitz se muestra a sí misma en otra cuando nos describe la sofisticada decoración de la casa de uno de sus opulentos acompañantes: en una pared, una foto del artista Marcel Duchamp sentado jugando al ajedrez frente a una mujer desnuda -como el arquetipo del cuadro clásico “El pintor y la modelo”. El lector que se haya molestado en googlear a esta autora verá entonces que está bromeando al incluir a Eve Babitz (modelo) como personaje involuntario de la novela de Eve Babitz (escritora). Se trata de la foto que tomó, de modo bastante improvisado, el fotógrafo Julian Wasser en la inauguración de la Exposición de Marcel Duchamp en el Museo de Arte de Pasadena en 1963: el amante de Eve Babitz, un galerista de arte, no le proporcionó entrada VIP para evitar que se encontrara con su esposa, de modo que Eve, de 20 años, accedió -o propuso, hay leyendas urbanas sobre esto- a Marcel Duchamp de 76, posar desnuda jugando al ajedrez con el maestro. Además de epatar al galerista y a su mujer, se convirtió en parte de una de las fotos más famosas de todos los tiempos.

Dos mujeres descalzas.

Desnuda no, pero descalza pasa Jacaranda/Eve buena parte de su novela; nos cuenta que se crió en una casa a la orilla de la playa, con la tabla de surf en su habitación; que vivía descalza, con callos en los pies (la piel morena y curtida por el sol y la sal); nos cuenta el sufrimiento que le produce en las fiestas a las que acude en Los Angeles y en Nueva York, el vestido ajustado y los tacones altos, ir disfrazada de otra persona, quizá de la autora que no llega a ser. Descalza también acude Carrie Fisher a las tablas: las representaciones de su monólogo Wishful drinking las hacía descalza sobre el escenario del teatro, de alguna manera mostrándonos su propio equilibrio igual que Eve Babitz nos cuenta que el equilibrio -sus pies sobre la tabla de surf- es lo que le permite vivir y avanzar.

 

Honorio Penadés, bibliotecario

Cada noche, cada noche, Lola López Mondéjar

Siguiendo una línea de lecturas, comenzando por “La librería” que como algo escandaloso e insólito expone en el escaparate “Lolita”, motivo para releerla a continuación, y por último “Cada noche, cada noche” de Lola López Mondéjar que es cómo la continuación y aclaraciones de “Lolita”, es cómo seguir un hilo argumental, que ha resultado satisfactorio. Hilo que ha surgido por casualidad pero bien llevado.

En esta breve reseña voy a hablar de “Cada noche, cada noche” que es la menos conocida de estas pero también muy interesante e intenta desmontar ideas que pudo desencadenar “Lolita” en el momento de su publicación.

La hija de Lolita, Dolores Schiller, en un momento muy duro de su vida al conocer las consecuencias de su enfermedad, decide contarnos su vida y la de su madre, a la que nunca ha conocido y que tanto la ha marcado. La narración en primera persona hace sentir al lector que el texto está dirigido a él, cómo si cada uno de nosotros fuésemos su interlocutor.

Es un momento difícil en el que necesita reconfortarse con el pasado, y a través de sus recuerdos conocemos los miedos, sensaciones e  inquietudes que ha tenido a lo largo de su vida.

En la narración se superponen dos vidas  la suya y la de su madre, que conoce por su padre y por los diarios que este le entregó al cumplir los 20 años. Las vivencias de su madre que dejó en los diarios aparecen intercaladas en el texto, necesita poner su voz y hacer justicia a la vida de su madre. En estos escritos hace referencia a lo que vivió Lolita pero desde su punto de vista de ella, en el libro de Nabokov únicamente conocemos la versión de Humbert.

Una aportación muy interesante es que el propio Nabokov participe en la historia pues vive en Montreux, Suiza, coetáneo de Humbert Humbert.

Al indagar sobre la verdad de su madre denuncia muchas verdades incómodas como la soledad, la orfandad, abusos a menores, la enfermedad.

Una vida muy marcada por la orfandad, con una sensación grande de soledad y desamparo, sentimientos que no podrá quitarse de encima el resto de su vida. Estas dos vidas que se entrecruzan en el relato están marcadas por una sexualidad impuesta en la madre y una ausencia total de deseo sexual en la hija, tema que quiere solucionar pero no es posible.

“Ese hombre, ese varón blanco, culto, egocéntrico, convirtió la vida de mi madre en un infierno. Aprovechó su poder, su edad, la indefensión de una niña, para imponer en su cuerpo su deseo como un conquistador impone su gobierno en las colonias desarmadas. Lo odio.”

El texto está salpicado de referencias literarias, cinematográficas y musicales, así como también un pequeño estudio de distintos filósofos que han tratado el tema de la pederastia.

Al leer esta novela las sensaciones que he tenido son como un juego entre realidad y ficción y ficción dentro de la ficción.

Recomendable leer estas tres lecturas pues se van complementando, y las tres son muy interesantes. En nuestra biblioteca hay ejemplares de “Lolita” y de “La librería”.

Rosa Jiménez Villarín

Mary Poppins: magia, leyenda, mito, un ensayo de María Tausiet

La institutriz voladora que aterrizaba en el jardín de la familia Banks volvía a los cines en diciembre de 2018 con El regreso de Mary Poppins, dando continuidad —ciertamente aplazada— a la película que produjo Walt Disney en 1964. También el año pasado María Tausiet, doctora en Historia, especialista en historia cultural y autora de numerosos estudios sobre creencias e ideas religiosas, publicaba el ensayo Mary Poppins. Magia, leyenda, mito (Abada Editores).

Con un amplio trabajo de investigación, el libro ofrece sugerentes claves para interpretar la figura que desarrolló entre los años 1934 y 1988, a lo largo de ocho novelas, la escritora Helen Lyndon Goff, conocida como Pamela Lyndon Travers. Apoyado en la idea de que la literatura de Travers no está dirigida especialmente a un público infantil —como la misma autora explicó—, el ensayo analiza los factores subyacentes que se esconden tras las actitudes paradójicas de la institutriz (disciplina y transgresión de las normas, seriedad y ruptura de la lógica) y su relación mágica con el mundo real.

Difícilmente pueden desvincularse las dos versiones del personaje, la Mary Poppins del cine y la de la literatura, desde que esta última alcanzó su mayor fama con la película de Disney. Sin embargo, su aparente ligereza guarda un alcance más profundo: por una parte, se inspira en dos personajes de la literatura fantástica anglosajona, Alicia (1865) y Peter Pan (1904); por otra, la figura creada por P.L. Travers es heredera de diferentes tradiciones que la autora conoció a través de sus investigaciones sobre folclore, religión, mitología, cuentos de hadas de raíz irlandesa y celta, relatos bíblicos y pensamiento hindú, budismo y taoísmo.

Podemos leer en el prólogo, a cargo de José Manuel Pedrosa: La elección de María Tausiet está guiada, salta a la vista, por el olfato y el buen gusto. Porque puede que Mary Poppins no sea capaz de alzar un vuelo tan poderoso –al menos da esa impresión– como el de Superman, o que no haya generado dividendos para la industria tan monstruosos como los de los Skywalker, ni alcanzado la omnipresencia ecuménica de que disfruta Indiana Jones. Ahora bien: lo matizado de su carácter, lo transgresor de sus acciones y lo historiado de sus andanzas hacen fácil concluir que, como personaje de ficción, la institutriz aficionada a volar impulsada por su paraguas sobre los tejados de Londres tiene un contorno más rico, más ambiguo y más maduro que todos los fornidos guerreros que acabamos de mencionar.

Mary no es exactamente un hada, tampoco una maga o una bruja. Más bien, en su personalidad aparecen rasgos de otros mitos conocidos que funcionan como vínculos de conexión entre dos mundos: cielo y tierra, seres humanos, naturaleza y objetos inanimados, realidad y ficción. Esa habilidad para atravesar espacios aparentemente irreconciliables acompaña siempre a la niñera, que se desenvuelve con la misma soltura en distintos barrios de la ciudad, con lenguajes dispares y entre los grupos sociales más opuestos. Tausiet, con un estilo claro y un extenso trabajo bibliográfico que incluye muchas reflexiones de Pamela Travers en artículos y entrevistas, descifra otros aspectos que nos hacen ver el universo de la institutriz con originales matices, desde el viento del este que la trae y el del oeste con el que se marcha—el Céfiro de la tradición griega—, hasta la bolsa portadora de todo tipo de objetos, los enunciados y trabalenguas y su comportamiento con frecuencia indescifrable.

De esta forma, vemos cómo los extraños amigos y parientes de Mary, ancianas vendedoras callejeras y ella misma van difundiendo un mensaje dirigido también a los adultos para pedirles una mirada nada convencional sobre la realidad, una ocasión para ver “el mundo al revés”, para valorar la necesidad mutua de los opuestos, los múltiples aspectos de una misma situación y la conexión de cada cosa con la totalidad, todo ello con un lenguaje en el que los silencios y lo indecible tienen tanta importancia como las palabras («¡No quieras saber más!»).

Por último, llegamos a un capítulo dedicado a explorar la transformación que sufrió la obra original en su adaptación al cine en 1964, aunque como géneros y lenguajes distintos no admitan una comparación exacta. En el guion y las canciones se seleccionaron episodios y pasajes básicamente del primer libro y algunos del segundo, y han dado lugar a un largo debate sobre cuánto del espíritu de Travers mantiene la película. La lectura de este ameno ensayo revela algunas ambigüedades presentes en la producción de Walt Disney y otros elementos más explícitos que introdujo. Por ejemplo, no fue casual que eligiera a Jane Darwel —la actriz que había interpretado a Ma Joad en la versión cinematográfica de Las uvas de la ira— para el papel de la Mujer de los Pájaros, una anciana que encarna todo un mundo de exclusión y pobreza.

La película de 2018 El regreso de Mary Poppins está basada en gran parte en la segunda de las novelas. Cuenta con varias nominaciones a los premios Óscar de la Academia Americana (banda sonora, canción original, diseño de producción, diseño de vestuario) y nos ofrece las simpáticas apariciones de Dick Van Dyke —de nuevo Dawes, en esta ocasión Mr Dawes Jr— y Angela Lansbury.

 

V. Maldonado