Celebrando el Centenario de Galdós con Marianela

El año 2020 no puede pasar sin hacer una breve reseña de Benito Pérez Galdós en el centenario de su muerte, es una buena ocasión para recordar a uno de los escritores españoles importantes, rindiéndole un pequeño homenaje en agradecimiento a su gran aportación a la literatura española.

Marianela pertenece a lo que Galdós llamó “Novelas de la Primera Época”, escritas entre 1867 y 1878.

Foto Rosa Jiménez Villarín

Narra la vida trágica de una pobre muchacha inteligente, fea y poco agraciada con una infancia marcada por la ausencia de unos padres y el cobijo de una familia. Sus días los pasa como lazarillo acompañando a Pablo, hijo de un terrateniente, que es ciego.

Vive con una familia muy carente de valores y afectos, teniendo como uno de los atractivos principales el de acaparar dinero, únicamente sobresale el hijo pequeño que se rebela y en su mente estar el salir del entorno  y prosperar social y económicamente.

“Jamás se le dio a entender a la Nela que había nacido de criatura humana, como los demás habitantes de la casa. Nunca fue castigada; pero ella entendió que este privilegio se fundaba en la desdeñosa lástima que inspiraba su menguada constitución física, y de ningún modo en el aprecio de su persona.”

Esta situación va a cambiar cuando llega al pueblo un médico que puede devolverle la vista al muchacho, momento en que podrá ver a “Nela”, a la que tenía muy idealizada y de la que estaba enamorado.

“Ya veo que esas cosas no se pueden explicar. Antes me formaba yo idea del día y de la noche ¿Cómo? Verás: era de día, cuando hablaba gente; era de noche, cuando  la gente callaba y cantaban los gallos.   Ahora no las mismas comparaciones. Es de día, cuando estamos juntos tú y yo; es de noche, cuando nos separamos.”

“Nela” al no ser agraciada físicamente la muestra con una gran belleza interior poseedora de grandes virtudes frente a una belleza exterior, algunas veces sobrevalorada.

Foto Rosa Jiménez Villarín

Dentro de este entramado, de estructura sencilla y líneal, hay numerosos temas abarcados. Dentro de esa sociedad hay un fuerte contraste entre lo antiguo que es la agricultura y ganadería y la minería, actividad más moderna. Describe muy bien la mina y como comienza su actividad diaria, frenética y laboriosa, en la descripción se observa como todo tiene una pátina roja consecuencia de la piedra.

El paisaje tiene mucha importancia en el relato, pues hace descripciones de cada lugar que visitan los muchachos con detalles prolijos, el recorrido por la mina y por el pueblo.

La ceguera del muchacho, su posible curación y todas las consecuencias que va a tener en su relación sentimental con “Nela”, tienen gran importancia mostrando un conflicto de mucha intensidad.

Un estudio interesante de la situación socio-económica del momento, criticando la caridad y las acciones benéficas y abogando por una justicia social. Retrata el egoísmo de la sociedad y la hipocresía, si todos tuvieran la posibilidad de una educación sería más fácil salir de las condiciones miserables. Es muy interesante el retrato de la sociedad rural a través de las diferentes familias de distinta posición social.

Novela que ha sido adaptada al cine en tres ocasiones.

En nuestra biblioteca puedes encontrar muchas obras de Benito Pérez Galdós.

Rosa Jiménez Villarín

 

 

 

 

 

 

 

La mujer helada, Annie Ernaux

La escritora francesa Annie Ernaux recibió el Premio Formentor de las Letras 2019 y es autora, entre otras obras, de “La mujer helada”, una biografía novelada comenzando en su infancia recordando a las mujeres de su vida, tenaces, perseverantes, humildes y fuertes que serán una gran referencia para ella.

Hace un recorrido, desde su infancia hasta el nacimiento de sus hijos, por su ambiente familiar, escolar, sus amistades y el contexto social del momento.

El ambiente familiar, en el que su madre atendía la tienda y su padre se encargaba de labores de la casa, la producía cierta confusión porque estos roles eran diferentes en otras casas. Tuvo una infancia feliz no exenta de desacuerdos y sobre todo de inquietudes al ver que entre su familia y la de los demás había diferencias. Su madre la transmitirá unos valores que la marcarán para siempre.

“Gracias a ella sabía yo que el mundo estaba hecho para sumergirse en él y disfrutar, que nada podía impedírnoslo.”

Refleja importantes contrastes entre el ambiente familiar y el ambiente del colegio católico. Siendo su madre menos estricta y más relajada y con más orden y disciplina en el colegio, transmitiendo unos valores muy estrictos y represores que producen en nuestra protagonista un gran debate continuo y no exento de miedo.

Sensaciones, inquietudes, curiosidad sobre su propia sexualidad, conversaciones con sus compañeras y amigas y todas las impresiones que se tienen en la adolescencia.

Manifiesta una lucha interior entre los convencionalismos sociales y las propias certidumbres. Las mujeres están destinadas al matrimonio y para ella es una época con ganas de aprender, de conocer y de explorar. Es una sociedad con falta de libertad para las mujeres abocadas a un papel secundario.

“Con la compra hecha, comprimida entre el abrigo y el clasificador, me apresuro a dejar el sitio a las madres de familia y sus compras serias, ya fuera respiro el aire de la calle con placer. Decidida a jurar que la condición femenina más extendida nunca será la mía.”

Presiones sociales para que siga la corriente, que sea una mujer acorde con su tiempo.

Es un recorrido por los recuerdos de su vida, por sus relaciones, por sus influencias, sus amistades, sus inquietudes, sus desasosiegos, sus sentimientos de mujer casada y toda la lucha interior que la acarrea entre lo que hace y lo que necesita hacer, por su incomprensión de que las mujeres tengan que ser dóciles y sumisas. Acompañado de un sentimiento de soledad, qué la lleva a sentirse una mujer helada al comprobar que no ha podido llevar a cabo sus sueños.

Lectura muy recomendable, dónde la autora hace un repaso por situaciones y sentimientos muy bien expresados y muy  reconocibles por muchos de nosotros, que favorecen la reflexión de acontecimientos vividos por el lector.

Rosa Jiménez Villarín

El orden equivocado y otros cuentos de Elizabeth Taylor

“The Elizabeth Taylor Writer Fan Club” es una especie de club de lectura virtual dedicado a comentar las obras de esta novelista británica que comparte nombre con la actriz estadounidense en la que ustedes están pensando. Pertenezco a este pequeño club, modestamente, desde el día de su fundación. Cuando el pasado abril una lectora preguntó desde Oxford al resto de los miembros del grupo cuál era, de los relatos que escribió la autora, nuestro favorito, y por dónde debería comenzar a leer estos cuentos, me quedé sin poder responder. “No los he leído todos ¿Cómo opinar?”.

Había comprado, unos meses atrás, la antología “El orden equivocado y otros cuentos” (Barcelona: Elba, 2019) donde en traducción de Socorro Giménez Cubillos la editora de Elba y prologuista del libro, Clara Pastor, reúne veinte de los sesenta y cinco relatos que comprende la obra de esta autora. “Ninguno de sus relatos es prescindible -dice la editora. Cómo sucede con algunos autores que donde más brillan es en este género, no hay cuentos mejores que otros. Así pues, la selección es inevitablemente sesgada, aunque gracias a la consistencia de su producción no puede ser errada”.

¿Qué relato elijo yo? Voy avanzando muy lentamente en la lectura de este libro porque deseo saborearlo. Ya no compro libros en papel, y el caso de este es una especie de placer prohibido. Pero sobre todo porque los textos son muy diferentes, algunos bastante intensos, y dejo pasar tiempo -y la lectura de libros enteros- entre cuento y cuento de Elizabeth Taylor. Pero pasada la mitad del volumen encontré uno llamado “Adiós, adiós” del que quiero contar algo.

«Goodbye, Goodbye», fue originalmente publicado en la revista The New Yorker el 14 de agosto de 1954. No tengo criterio para opinar que sea el mejor, pero tengo que decir que me impresionó leer en este texto el apagado final de la historia de un amor prohibido y prolongado a través de muchos años entre una esposa levemente infiel, madre de familia, casada con un hombre de negocios, y un soltero empedernido y, en el relato, un tanto vencido por la existencia.

Cuando regresaba con su esposo, que no los acompañaba durante las vacaciones, de inmediato ella se sentía tan mortificada y tan desconsoladamente avergonzada, que sus pocos encuentros resultaban humillantes para los dos, llenos de recriminaciones y desesperación, y fue después de un verano como aquel que se separaron para siempre, según creyeron ambos.

El texto, una estampa de pocas páginas, nos deja ver sin explicarnos demasiado la historia de Peter y Catherine, que se conocieron cuando ella era soltera, que él tenía su instinto aventurero, que ella prefirió la seguridad del pequeño hombre de negocios local y se casó con él, y con su hombre de negocios tuvo hijos, casa y veraneo, mientras que con el soltero empedernido de aires más románticos mantuvo una larga relación secreta que consistió en muchas cartas cruzadas todo el año y unos cuantos besos y abrazos ocultos en la temporada de verano que Catherine pasaba sin su marido y con sus hijos en la playa. Decidieron un día dejar de verse, y lo que es peor, dejar de escribirse.

Las cartas de él siempre la dejaban incapacitada: los días en que las recibía, se movía con lentitud en el trabajo, poseída por sus palabras y sorda a cualquier otra, de su esposo, sus hijos o sus amigos.

Pasan los años y un día, a la caída de la tarde, Peter aparece en la casa de la playa donde Catherine participa en un picnic con sus hijos y sus amigos, una pandilla de adolescentes frente a los que se encuentran aún más apagados y vencidos. Intercambian frases frías. No hay reproches. Incluso alguna palabra amable. Los chicos cortésmente recuerdan haber visto a Peter hace muchos años. “No hace falta decir nada -dijo ella- nada en absoluto. Y preferiría que no lo hicieras”. La noche cae sobre la partida festiva, sube la marea, recogen el picnic y vuelven a casa, los niños dormidos, los jóvenes excitados, los viejos amantes vencidos por el tiempo y la costumbre. “Hay demasiado que decir como para que empecemos a hablar ahora”. Adiós, adiós, son sus nuevas últimas palabras del uno al otro.

¿Quién era la escritora Elizabeth Taylor? Una novelista británica que gozó de un moderado éxito en los años 40 y 50, que llevó una vida muy discreta, que está considerada por muchos como un caso de correcta escritora que escribe correctas novelas destinadas a un público middlebrow. “En sus páginas oyes el tintineo de las tazas de té” dijo sobre Elizabeth Taylor el novelista estadounidense Saul Bellow una vez que actuó de jurado en un premio literario que Taylor no ganó. Y el autor británico Kingsley Amis observó: “Su obra parece adecuada para revistas de mujeres pasadas de moda, es algo que habla de maridos y esposas, padres e hijos de las zonas residenciales, algo bastante trivial”.

Pero nada es lo que parece. No nos llamemos a engaño por sus reposados retratos de mujeres en sepia, pues su vida fue intensa y llena de acción entre taza y taza de té. Elizabeth Taylor, cuando aún era de soltera Betty Coles, quiso escribir como Jane Austen, vivió en una escandalosa comuna naturista, se afilió al Partido Comunista Británico, hizo teatro, tuvo distintos amantes artistas y socialistas, y en lugar de enrolarse en las Brigadas Internacionales como parecía que iba a hacer en 1936 cuando trabajaba como bibliotecaria, decidió casarse con el hijo del pequeño y enriquecido hombre de negocios local y emprender una doble vida. No fue doble por el hecho de que mantuviera durante décadas la relación -sobre todo epistolar- con su romántico amante de juventud mientras criaba los hijos que tenía con el hombre de negocios, sino que fue doble porque escribió todo lo que vivió y todo lo que dejó de vivir. 

En sus novelas retrata intensos dramas emocionales de seres torturados, a menudo solitarios y deprimidos, incapaces de aceptar el destino. Es cierto que en su literatura evitó el tratamiento de temas abstractos como el desarrollo de la personalidad, la libertad individual o las frustraciones, pero en sus relatos y novelas abunda la representación de un mismo tipo humano: mujeres de alguna manera presionadas, deformadas por el esfuerzo de voluntad que requiere afirmarse a sí mismas. 

Porque yo conocía la historia de la vida de Elizabeth Taylor antes de leer este relato es por lo que me impresionó la historia de Catherine y Peter diciéndose adiós, adiós.

Honorio Penadés