Catástrofes poco naturales

Catástrofes poco naturales

Una persona normal ve una escena romántica, un bibliotecario piensa que los libros de las mochilas se estarán mojando…

Pese a que algunos llevamos mucho tiempo trabajando en la biblioteca todavía nos quedamos congelados de sorpresa ante algunas catástrofes que sufren los libros de nuestra colección, tanto que podríamos hacer un Mannequin challenge sin apenas esfuerzo. Aunque ya hemos hablado de esos «accidentes» en este blog, nos parece que conviene insistir, quizá para poder conjurarlos, como si este post fuera una especie de hechizo para que dejaran de suceder.

Nos llena de congoja la cantidad de libros mojados que nos devuelven: es como si se hubiera puesto de moda un reto para  comprobar si son resistentes a los charcos o sirven para refugiarse de la lluvia, porque ¿quién quiere un paraguas cuando tiene un Manual de Derecho Administrativo, por poner un ejemplo? Así que aunque estamos seguros del avance del cambio climático a veces no tenemos más remedio que hacernos partidarios de la sequía.

Sospechamos también que hay quien compone mensajes cifrados tachando todas las palabras menos unas pocas de las páginas de un libro con rotuladores rosa, verde o amarillo fosforito, porque, ¿qué otro sentido puede tener llenar un libro de líneas de colores? ¿Subrayar? ¿Un libro de la biblioteca? ¿En serio?

No hay pan para tanto chorizo ni papel para tanta mancha de café u otras bebidas. Las manchas de chorizo son poco frecuentes pero las de bebidas se pueden encontrar con más facilidad.  Lo cierto es que hay una asociación entre el acto de leer/estudiar y el de tomar café o té, especialmente en los días de lluvia o frío. Comprendemos e incluso compartimos esa sensación placentera pero cada vez que vemos un inestable vaso de cartón lleno de café entrando en la biblioteca (acompañado de un ser humano, claro) acabamos con un ataque de nervios, así que parafraseando a Lola Flores: “si nos queréis, irse» a tomar café lejos de los libros.

Y continuando con este tema, de vez en cuando nos encontramos con algún “regalito” en las estanterías más recónditas de la biblioteca: una lata de refresco por allí, un envoltorio de sándwich por allá… Lo único que nos consuela un poco es que no somos los únicos, mirad lo que  pasaba dos años atrás en la Universidad de Liverpool:

Sandwich

Como veis, no solo es terrible que se hayan almacenado esos restos en una estantería, sino que además, no están en la signatura correspondiente, ¡imperdonable!

En fin, si queréis a vuestros bibliotecarios, o al menos no queréis presenciar un infarto en directo en la biblioteca, sed buenos con los libros.


Imagen: By © Tomas Castelazo, www.tomascastelazo.com / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

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