La muerte y la doncella I-V: dramas de princesas de Elfriede Jelinek

Jelinek

¿Qué ocurre después del beso de amor? ¿Por qué los cuentos y la mayoría de las películas románticas o “de chicas” terminan cuando los protagonistas se unen mediante un beso o con una ceremonia de matrimonio? ¿Por qué se nos oculta  la evolución de esa pareja? ¿Es demasiado terrible la verdad? Aún recuerdo la impresión que me produjo leer la versión de Perrault de La bella durmiente : después de unirse al príncipe y tener hijos, nuestra protagonista descubría que su suegra era una ogresa que pretendía matar y comerse a su prole….así que ¿la realidad era eso?

En La muerte y la doncella (I-V): dramas de princesas, la autora austriaca galardonada con el premio Nobel en 2004, nos revela esa parte de la historia que siempre nos han ocultado. Sus protagonistas son mujeres que no han alcanzado el status de entes independientes, que no son dueñas  de sus vidas y por tanto, no reinan sobre ellas, por lo que Jelinek las califica de princesas. Algunas de ellas son sobradamente conocidas por todos nosotros: Blancanieves, la Bella durmiente, Jackie Kennedy (u Onassis) e incluso Lady Di, las princesas de los cuentos de hadas, que no son nadie a no ser que un príncipe las bese y las princesas de la jet-set que caen en esa misma trampa, la del beso del hombre poderoso que dota sus vidas de sentido. También tenemos a Rosamunda, el personaje recreado por Helmina von Chézy, y a dos mujeres creadoras, Sylvia Plath  e Ingeborg Bachmann.

Las dos últimas inician la pieza La pared descuartizando a un animal macho en una especie de sacrificio ritual que la propia autora califica de arcaico y cruel. Desde el punto de vista de la puesta en escena, resulta muy interesante que  las frases que corresponden a cada personaje no estén claramente definidas, de modo que deje la elección a los que intervengan en la ejecución de la obra y nos implique en el esfuerzo de decidir si los personajes son intercambiables o si debemos adjudicarles un carácter propio asociándolo a determinadas ideas que aparezcan en el texto según nuestro propio punto de vista.

Todas las piezas requieren de una lectura muy atenta y plantean un gran trabajo a las actrices que las representen, ya que el texto está muy alejado de las situaciones cotidianas y tiene una gran carga simbólica y crítica:

Creía ver, como siempre, árboles, pero de pronto estaba esa pared ahí, transparente. Sólo las mujeres describen cosas así. También son ellas las que tienen tanto miedo al átomo. Los varones no se entretendrían con lo que no se ve. Siempre se trata de nosotras, ¡pero no somos nosotras! Ellos calculan antes el alcance de las cosas; y llegan a la siguiente conclusión: ¡esto carece de alcance!

Se trata de piezas teatrales y la mejor manera de conocerlas es verlas representadas. Afortunadamente, el próximo 11 de mayo de 2015 (20h) se realizará una lectura dramatizada de La Bella durmiente en la Sala El Mirlo Blanco del Teatro Valle-Inclán. Además se podrá asistir a una mesa redonda sobre la obra de Jelinek. La entrada es libre hasta completar aforo. Además, os animamos a participar en las actividades del Club internacional de lectura y pensamiento, dedicado, además de a Jelinek, a Herta Müller  e Ingeborg Bachmann.

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Marian Ramos

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