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En torno a la mujer y la literatura

Por el Día Internacional de la Mujer 2017 la Biblioteca Menéndez Pidal del Campus de Colmenarejo UC3M presenta una exposición bibliográfica de obras escritas por mujeres y recomendadas por el personal de la Biblioteca, incluyendo novela, poesía, teatro y ensayo; mas una serie de citas literarias relativas al feminismo, la libertad, la igualdad y la independencia creativa de las mujeres.

La exposición se abre con las dos citas contrapuestas de Fray Luis de León y Stefan Bollmann tomadas de los siguientes libros: “Guardar la casa y cerrar la boca : en torno a la mujer y la literatura” de Clara Janés (Siruela 2014) y “Las mujeres que escriben también son peligrosas” de Stefan Bollmann (Maeva 2007) y que nos sirven para enmarcar la tarea como escritoras de las variadas autoras cuyos libros se pueden leer y sacar en préstamo, incluyendo entre otras a Milena Agus, Nuria Amat, Elena Poniatowska, Clarice Lispector, Elizabeth Gilbert, Emilia Pardo Bazán, Simone de Beauvoir, Virginia Woolf, Cristina Morató, Mary Shelley, Isabel Allende o Lucía Etxebarria.

Junto a la selección de libros y en el mismo vestíbulo de la biblioteca se pueden leer las citas recomendadas igualmente por el personal de la biblioteca, y que incluyen dos poemas de Gloria Fuertes (2017 es el año de su centenario) y uno de Gabriela Mistral, fragmentos de obras literarias de Isabel Allende, Jane Austen, Agatha Christie, Carrie Fisher, Almudena Grandes, Marjane Satrapi y Emilia Pardo Bazán que nos ofrecen un contraste sobre el papel de las mujeres antiguas y modernas que quieren escribir o, sencillamente, tener vida y voluntad propia; a los que se suman fragmentos de obras con distintos enfoques sobre el feminismo por parte de Caitlin Moran, Chimamanda Ngozi Adichie y Virginie Despentes:

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Variaciones sobre tres nombres

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Nuestro compañero Paco López Hernández, bibliotecario en la UC3M, acaba de publicar, en un breve período de tiempo, tres novelas: La vida ha de seguir, Variaciones sobre tres nombres y El cerro de Garabitas, las tres de recomendable lectura. No obstante, a la hora de elegir una de ellas para reseñar en este blog me he decantado por Variaciones sobre tres nombres por lo que tiene de sorprendente.

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El poeta, novelista, crítico, literato, y fotógrafo, entre otras cosas, Pierre Louÿs (Gante 1870-París 1925), publica en 1894 una colección de canciones de corte erótico que vieron la luz bajo el título de Les Chansons de Bilitis,  Las canciones de Bilitis en su traducción española. Quiere el autor jugar con sus lectores presentándola como la traducción de unos poemas encontrados en una tumba en Chipre  pertenecientes a una poetisa, Bilitis, contemporánea de Safo de Lesbos (s. VI a. de C.)

Su estilo, refinado y sensual, causó controversia en su momento aunque famosos personajes contemporáneos del autor le otorgaron su favor. Tengamos en cuenta que contaba entre sus amigos con André Gide, Stéphane Mallarmé, Paul Valery u Oscar Wilde de quien se dice que se refirió a él como “demasiado bello para ser un hombre, que se cuide de los dioses”.

Sus poemas y toda su extensa obra erótica fueron fuente de inspiración para artistas de la época y posteriores, de forma que pronto aparecieron las primeras adaptaciones en forma de canción para voz y piano, e incluso su amigo Debussy realiza una adaptación musical. Al cine han sido adaptadas entre otros por Luis Buñuel (Ese oscuro objeto de deseo) o Josef von Sternberg (El Diablo era mujer).

Me atrevo a aventurar que la lectura de las obras de Louÿs también ha servido para inspirar a Paco López Hernández la novela referida. No en vano Les Chansons de Bilitis  juegan un papel capital en la narración sirviendo de nexo entre las protagonistas.

Sabe recrear el autor ese ambiente en el que se desenvuelve una clase social acomodada en una época a caballo entre los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX en que transcurre la acción. Es un ambiente, para los lectores actuales, añejo, cargado de privilegios y de prejuicios en el que las mujeres, protagonistas absolutas de la narración, jugaban un papel casi decorativo salvo excepciones como las aquí descritas: Adriana, Rosalía y Josefa rompen tabúes y construyen una vida al margen de lo establecido pero, ojo, con cuidado, a escondidas casi como una especie de secta cuyas actividades no han de trascender para no escandalizar. A pesar de ello su valentía es digna de mención. Una breve pincelada sobre cada una de ellas en las propias palabras del autor:

“Y es que Adriana había recibido una instrucción muy diferente a la que se usaba para las jóvenes de su posición, que tendía a prepararlas para no ser otra cosa que buenas madres y buenas señoras de su casa.”

“Rosalía era un alma libre, nada la ataba, no se preocupaba de lo mismo que las demás, no tenía en cuenta si había un joven apetecible detrás del cual iban a estar todas las otras, más bien despreciaba esas – para ella – tontas ideas.”

Y Josefa, una joven provinciana y de humilde extracción cuya vida dará un vuelco gracias a que

“… se interesa por la lectura y por cultivar el intelecto…” como bien explica ella misma al presentarse ante su valedora: “Sí, señora condesa – contesté – , me gustan mucho los libros, desde niña. Mis mayores tesoros son los pocos que llevo en mi baúl,…”

La narración se adentra por vericuetos bien hilvanados y organizados, creando expectativas que no se resolverán del todo hasta un inesperado final que resulta sorprendente aunque hayamos estado atentos a la bien trazada trama.

Su lectura me hizo rememorar –lecturas de juventud-  ciertas narraciones de aquella magnífica colección publicada por Tusquets  a partir de 1977 denominada La sonrisa vertical bajo la batuta de Luis García Berlanga y Beatriz de Moura (fundadora y editora de Tusquets). Recogía esta colección los grandes títulos de la literatura erótica de todos los tiempos, incluidas algunas de la obras de Louÿs, a los que se añadieron los premiados en el concurso literario anual con el mismo título activo entre 1979 y 2004. Precisamente en esta colección conocí a Pierre Louÿs a través de su Manual de Urbanidad para jovencitas, un auténtico golpe en la mesa contra el puritanismo de la época y los manuales y reglas de urbanidad orientados a la buena educación de las señoritas.

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Desde aquí felicito a Paco López Hernández y le animo a que, si alguna vez se vuelve a reeditar dicho premio, presente esta obra, sin duda la verá publicada en La sonrisa vertical.

Antonio F. Fernández Luque

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Lo de Marga (O el suicidio por amor)

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“Si pensaste al morir que ibas a ser bien recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero nuestro recuerdo te será fiel y firme. No te olvidaremos, no te olvidaré nunca. Que hayas encontrado bajo la tierra el descanso y el sueño, el gusto que no encontraste sobre la tierra. Descansa en paz, en la paz que no supimos darte, Marga bien querida” (JRJ)

Pasan lentas las horas de la larga noche, Marga pasea nerviosa los pasillos de su casa en Madrid silenciosos y oscuros en la madrugada. Anota algo en su diario:

“En la muerte, ya nada me separa de ti, sólo la muerte, sólo la muerte sola”.

Amanece un luminoso y claro día que se adivina caluroso. Es 28 de julio, el año, 1932. Marga se dirige al cercano estudio donde trabaja llevando en su mano el diario con las últimas anotaciones de la noche previa; al entrar cubre con un paño negro el busto en piedra de Zenobia y se aplica a destruir concienzudamente el resto de su obra escultórica.

Con sólo 24 años es ya una prolífica artista: poeta, ilustradora y, sobre todo, escultora reconocida.

Culminada la destrucción sus pasos presurosos la llevan hasta el domicilio de su adorado Juan Ramón, al que hace entrega de su diario.

 “No lo leas ahora” – le dice.

A media tarde un taxi la deja en la puerta del chalet de su tío Eugenio, en las Rozas, a las afueras de Madrid, pide la llave a los guardeses y entra en la casa. Su decisión es firme, no duda ni un instante en coger la vieja pistola de su abuelo, acercarla a la sien y apretar el gatillo.

Juan Ramón y Zenobia aun llegan a tiempo de verla con vida:

“Habíamos llegado a las Rozas a las 9 y ½, después de buscarla en vano por Madrid. Estaba en la mesa de operaciones de la Clínica de Urjencia Omnia.(*) Un tiro en la cabeza, con la belleza no destrozada, descompuesta. Su mano estaba caliente, latía su pulso. Sangre a borbotones por la boca, la frente vendada de gasa. Una mirada ancha dilatada, salida, pero ¿sin ver?” (JRJ)

Permanecen, acompañándola, hasta su muerte, hacia las dos de la madrugada.

“Está enterrada en las Rozas. Un corralillo cuadrado con algunos cipreses. Fue llevada en hombros en su caja blanca llena de rosas. El forense le hizo la autopsia de hora y media y cuando salió llevaba el zapato de lona con sangre de Marga. Pasaban trenes por un lado, coches por otro. La fosa tenía tres metros de honda. A las 8 le echaron la primera tierra, con un ocaso amarillo miel tras el Guadarrama morado” (JRJ)

Marga Gil Roësset y su hermana Consuelo admiraban a Zenobia Camprubí como traductora de la obra de Rabindranath Tagore. Durante un concierto de ópera, a primeros de 1932, consiguen que su común amiga Olga Bauer-Pilecka les presente al matrimonio formado por Zenobia y Juan Ramón Jiménez; ahí comenzaría una profunda amistad con trágico final para Marga, a quien su platónico amor por el poeta le lleva a escribir que “sabía que no podía vivir ni con él, ni sin él” en su diario.

Juan Ramón contaba ya 51 años, Marga tan solo 24.

En su casa de Puerto Rico, tras su fallecimiento en 1958, se encontró un sobre cerrado que contenía varios poemas y algunos textos acerca de aquellos acontecimientos que tanto le impresionaron. En él, escrita de su puño y letra, la frase “Lo de Marga”.

 

(*) Escrito con la peculiar ortografía del autor (“Mi jota es más higiénica que la blanducha G…escribo así porque yo soy muy testarudo, porque me divierte ir contra la Academia y para que los críticos se molesten conmigo”)


Puedes encontrar gran parte de la obra de Juan Ramón en la biblioteca AQUÍ. En su libro Españoles de tres mundos Juan Ramón dedica a Marga un artículo glosando su obra y describiendo la relación que tuvieron tanto él como su esposa Zenobia Camprubí con ella.

El poema Marga Gil en la isla, de Benjamín Prado se puede leer en su libro Ecuador, también disponible en la biblioteca.

Ana Serrano es quizá la gran especialista en Marga Gil. En la biblioteca disponemos de su artículo Consuelo y Marga Gil Roësset publicado en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza en 2003.

Así mismo puedes encontrar las obras de Marga Clark, escritora y sobrina de Marga Gil.

Antonio F. Fernández Luque