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Andrés Barba y los 70

El lunes 20 de febrero de 2017 la Asociación de Alumnos Mayores de la UC3M trae al escritor Andrés Barba a la universidad. El encuentro será en la Sala de Juntas del Edificio Menéndez Pidal (Biblioteca) del campus de Colmenarejo a las 17’00 h.

El polifacético Andrés Barba, novelista, ensayista, traductor, guionista y fotógrafo, ganador de algunos premios como el Torrente Ballester de Narrativa, Premio Anagrama de Ensayo y Premio Juan March de Narrativa, conversará con los asistentes sobre su obra y particularmente sobre su novela “En presencia de un payaso” (Anagrama, 2014).

Es coetáneo de otros escritores españoles nacidos en la década de los años 70, que Alberto Olmos calificó como la “Generación española de los 70 Football Team”, como Isaac Rosa, Elvira Navarro, Mercedes Cebrián, Andrés Neuman, Óscar Esquivias entre otros. Nacen en una década importante para el devenir de los acontecimientos de nuestro país, el fin de una dictadura y el comienzo de una democracia, con todos los cambios, aperturas y transformaciones que supusieron para nuestro país. Su infancia y juventud corresponde con una época ilusionante, incierta y de aprendizaje para los políticos y todos los ciudadanos. Situaciones y experiencias que seguro influyen en sus escritos.

Los escritores de esta generación han tenido más suerte respecto a los anteriores pues con las obras con las que debutan han sido reseñadas en prensa y en numerosas ocasiones premiadas. Andrés Barba presenta en nuestro Campus “En presencia de un payaso”, en las mimbres de este relato se muestran unas relaciones familiares complejas, entre padres e hijos o entre hermanos, ambientada en el año 2006, época anterior a la última crisis económica.

En el vestíbulo de nuestra Biblioteca hemos hecho una pequeña exposición con novelas de los
escritores de esta generación, interesante para echar un vistazo.

Rosa Jiménez

Los ojos invisibles

Look por Abdulaziz Ceylan. Bajo licencia CC-BY vía Flickr

Cuando escucho las palabras inmigración y solidaridad, siempre me acuerdo del pequeño Suleimán, protagonista de la novela de Antonio Lozano

“Me llamo Suleimán. No te preocupes si no lo recuerdas, si no recuerdas de qué me conoces: aquí nadie me conoce. A menudo siento que soy invisible, pero no, no lo soy. Aunque a veces me gustaría serlo. Mucho“

¿No la has leído? “Me llamo Suleimán” cuenta la historia de un niño africano, al que le dijeron que fuera de su país encontraría una vida mejor y decidió arriesgarse. Y después de un largo y duro viaje, por fin consiguió su objetivo… y con ello la invisibilidad… y alguna mano amiga a la que agarrarse… aunque al final…

Bueno, sí, se trata de una de esas novelas clasificadas como juvenil, en ese afán nuestro de meter, a veces, las cosas en grandes cajones. Para eso, a mí me gusta mucho más el mundo del cine, que utiliza aquello de “Apta para todos los públicos”, ¿qué te parece?

Ahora, si de lo que se trata es de hablar de literatura destinada a adultos, no podemos olvidarnos de Azel, el joven universitario marroquí protagonista de la novela “Partir”, de Tahar Ben Jelloun, que cansado de no encontrar futuro en su país acepta la propuesta de Miguel de llevárselo a España. Claro, que en este caso no tengo muy claro que podamos hablar de solidaridad, porque la invitación altruista no es…

“Partir, abandonar esta tierra que no quería saber nada de sus hijos, dar la espalda a un país tan hermoso y regresar un día, ufano y quizá rico. Partir para salvar la vida, aun a riesgo de perderla…”

Pero Azel, tan desesperado por irse, acepta el trato cualesquiera que sean las implicaciones. Eso sí, una vez que llega, descubre que las cosas tampoco son fáciles…

“¿Sabes? Desde Marruecos se ve España, pero la inversa no es verdad. Los españoles no nos ven, les damos igual, no tienen nada que hacer de nuestro país”

Un personaje al que recuerdo con especial cariño es el de Hortense, la joven jamaicana que tiene tantas ganas de salir de su “Pequeña isla” que decide casarse con Gilbert para conseguirlo, prácticamente sin conocerlo. Porque ¡menudo carácter tiene nuestra protagonista! Hay una escena que me gusta especialmente por el toque de humor que le imprime su autora, Andrea Levy: el momento de la llegada de Hortense a Londres, en concreto a ese apartamento (bueno, en realidad habitación) en el que Gilbert ya vivía y que no es exactamente lo que ella esperaba:

“Ven. Voy a enseñarte a usar este hornillo

 

¿Para qué?

 

Tienes que aprender a usarlo para poder cocinar.

 

Yo pienso cocinar en la cocina.

 

Ésta es la cocina.

 

¿Cuál?

 

¿Ves este hornillo y ese fregadero? Eso es la cocina. Y ahí está el comedor: mesa y dos sillas”

Y es que Hortense no era aún consciente de su estado de invisibilidad. Por eso pensaba que al llegar a su nuevo país, podría seguir ejerciendo de maestra, como hacía en Jamaica. Aunque, tras su primera experiencia en un intento de entrevista laboral, se da cuenta de que eso no está a su alcance… Aquí, el toque de solidaridad lo pone Queenie, la casera… de solidaridad y de valor, porque en la Inglaterra de 1945 la discriminación en función del color de la piel era más que palpable… y dar alojamiento a los negros podía ser un motivo de indignación del resto del vecindario… Aunque, ahora que lo pienso, la intención de Queenie era ser solidaria sobre todo con Gilbert… pero eso es ya otra historia.

Y llegamos a la última fase… a ese momento en el que el inmigrante, con un poco de suerte, deja de ser totalmente invisible y logra ser aceptado… y también a la de admitir que hay cosas que, poco a poco, van quedando atrás, por muy presentes que quiera uno tenerlas, empezando por el propio idioma, antiguas costumbres… sobre todo en las segundas generaciones, ya nacidas en el nuevo país… Es el momento, a veces, del desarraigo y de cierta incomprensión, palpable en los cuentos de Jhumpa Lahiri en su libro “Tierra desacostumbrada”.

“Deborah y yo hablábamos con toda libertad en inglés, idioma en el que, por aquel entonces, yo ya me expresaba mejor que en el bengalí que se me exigía hablar en casa”

Por fin hemos llegado al final de nuestro viaje, ¿nos ayudas a hacer visible alguna otra historia sobre “invisibles”?

Elena M.

La vida ha de seguir, Paco López-Hernández

Para mí no es lo habitual contar con escritores en mi círculo de amistades, por lo que ahora tener la suerte y la responsabilidad de hablar de una de las novelas de un compañero me produce alegría, satisfacción y un cierto cosquilleo, pues sé que no voy a estar a la altura que merece.

Campus de Colmenarejo

Fotografía Rosa Jiménez Villarín

La protagonista, Clara Ruiz de Segovia Larrabeiti, de familia muy acomodada en un relato lineal y estructurado en capítulos nos cuenta en primera persona sus memorias, conociendo a sus familiares y amigos. Momento que abarca desde principios del siglo XX hasta el final de la Guerra Civil en España.

Le toca vivir un período de nuestra historia bastante difícil, agitado, crispado, incierto y con gran repercusión para las generaciones venideras.

“Los nuestros han sido, están siendo unos años convulsos y terribles, en los que no hubo que buscar el peligro para ser protagonista de acontecimientos que, en tiempos tranquilos y pacíficos –si es que alguna vez han existido- parecerían del todo extraordinarios a aquellos a quienes se relatasen. El peligro, por desgracia, nos vino a buscar…”

A través de su relato vamos conociendo acontecimientos y vivencias de su infancia, adolescencia y juventud, mostrando la escasa tolerancia a la incursión de la mujer en la Universidad y el mínimo respeto y comprensión hacia personas con distinta orientación sexual. Situaciones que han tardado mucho en solventarse e incluso hoy en día hay que seguir luchando.

Vivimos de su mano momentos tan fundamentales como la posibilidad de que las mujeres pudieran votar, un paso importante en la igualdad de derechos.

“Acudí temprano a mi colegio electoral, acompañada por Juan. Una sensación que difícilmente puedo describir me invadió cuando tomé la papeleta y me acerqué a la urna de cristal para depositar mi voto.”

El terrible momento de la guerra transmite muy bien el ambiente de confusión, desesperación, carencias y desasosiego que viven los españoles, dentro de una situación crítica y desquiciante. En esta parte del relato he llegado a plantearme cómo hubiera reaccionado yo ante esa situación tan dura, pues hay españoles muy convencidos y otros no tanto que tienen que ir bandeando las situaciones y adaptándose lo mejor posible.

Merece la pena leerla y reflexionar sobre momentos que por suerte muchos de nosotros no hemos vivido. En nuestra Biblioteca tenemos ejemplares y siempre es buen momento para comenzar su lectura.

Rosa Jiménez Villarín

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