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Hotel World vs. Los amores de Nishino

Más de 9.000 km. separan a estas dos autoras cuyos libros he leído al mismo tiempo y comentaré al mismo tiempo.

Hotel World (2001) es la segunda novela de la escocesa Ali Smith (Inverness, 1962), una escritora repetidamente finalista para el Premio Man Brooker, dicen que posible candidata al Nobel -cuando lo restauren- de amplio éxito en Reino Unido, éxito que se va extendiendo también a España a medida que se traducen sus obras.

Los amores de Nishino (2003) es la cuarta novela de la japonesa Hiromi Kawakami (Tokio, 1958), novelista también de creciente éxito en España y en muchos países occidentales a medida que se traducen sus obras, posiblemente la autora más leída en Japón, donde ha recibido premios literarios y ha visto su obra convertida en manga (por Taniguchi) o en cine.

Hotel World es una novela fragmentada en cinco relatos con cinco mujeres protagonistas. Todos los relatos giran alrededor de una misma historia, a la que se aproximan desde cinco diferentes perspectivas parciales e incompletas: la muerte, en un estúpido accidente, de una camarera de un hotel en algún lugar del norte de Inglaterra.

Los amores de Nishino es una novela fragmentada en diez relatos con diez mujeres protagonistas. Todos los relatos giran alrededor de un personaje masculino, Nishino Yukihiko, y en cada relato una de las mujeres protagoniza una relación amorosa con Nishino, personaje a cuya vida nos aproximamos desde diez perspectivas parciales e incompletas.

Ninguno de los dos libros es una colección de relatos independientes: los textos que componen estas obras “no funcionan” por separado sino que se adaptan a un engranaje donde se ensartan los textos restantes para componer un panorama que nunca deja de ser incompleto y parcial. Es irrelevante si cada nueva historia nos aporta nueva información para conocer mejor los hechos -en el caso de Hotel World- o la personalidad del galán Nishino -en el caso del libro de Kawakami. El orden temporal de los fragmentos es un estudiado desorden en los dos casos, destacando el juego que ambas autoras hacen con los tiempos: los fragmentos o capítulos de Hotel World se nombran según distintos tiempos verbales (presente histórico, pasado, futuro condicional…) y los fragmentos o capítulos de Los amores de Nishino saltan desordenamente las etapas de su vida, ofreciendo siempre información exacta sobre la diferencia de edad entre Nishino y cada uno de sus amores.

Ali Smith ha trabajado como camarera de hotel. Hiromi Kawakami ha escrito varios libros en los que la diferencia de edad en una pareja es un hecho muy relevante.

La escritura de Hiromi Kawakami es sobria y limpia, quizá como corresponda a una antigua profesora de Ciencias Naturales que antes de triunfar con novelas como esta escribió abundantes textos de fantasía y ciencia ficción para jóvenes, sin demasiado éxito. La escritura de Ali Smith es rica en registros lingüísticos y en simbolismo, su obra nos ofrece un panorama de distintos estilos de narración, quizá como corresponda a una antigua profesora de Literatura Modernista que también escribió lemas publicitarios.

¿Qué demonios será el amor? ¿Qué será el amor? Las personas tienen derecho a enamorarse de otros, no a que los demás las amen. (Hiromi Kawakami)

Las diferencias entre nosotros son lo que nos hace más interesantes, atractivos, excitantes, problemáticos, vitales. Dadme a diario diferencias mejor que indiferencia. (Ali Smith)

Las dos son novelas de amor, creo.

(Honorio Penadés)

Plop, Rafael Pinedo

“Plop” del argentino Rafael Pinedo es un relato corto, con un lenguaje directo de frases cortas pero muy contundentes. Sorprende desde el principio y en más de una ocasión sobrecoge los hechos que se narran.

Narrado en tercera persona, Plop es el protagonista, y se llama así porque es el ruido que hizo al nacer y caer en el barro. Desde su nacimiento y a través de su crecimiento vamos conociendo la sociedad en que viven. Sociedad carente de valores con situaciones muy crueles, con poca valoración de la vida y de la dignidad.

Es un mundo resultado del nuestro con unas condiciones de vida muy dura, con una climatología muy adversa, siempre lloviendo y todo convertido en un lodazal y el único agua que se puede beber es la que cae de la lluvia.

“Se camina sobre el barro, entre grandes pilas de hierros, escombro, plástico, trapos podridos y latas oxidadas.”

Es un retroceso de la sociedad dónde hay una carencia de valores morales en un mundo muy degradado dónde la violencia está muy visible, con una gran crueldad y muy poca compasión por los propios compañeros de su grupo. Sobrevive el más fuerte.

Están organizados con una escala de poder bien jerarquizada. Plop llega al mando de su grupo por caminos no muy éticos, pero este mundo degradado, hambriento y violento  le sirve.

Se produce una selección natural por el medio y por los propios componentes del grupo. No tienen valores, funcionan por instintos y aún siendo personas carentes de moral, de ética y de dioses si tienen ciertos tabúes que aparentemente podrían carecer de importancia pero en este entorno llevan a rajatabla y sorprende muchísimo.

Recomiendo esta novela, pero teniendo en cuenta la crueldad que presenta no a todos los lectores puede interesar. Es dura y a veces algún párrafo lo he leído dos veces pues no me podía creer lo que había leído. Pero si después de esto te sigue interesando en nuestra Biblioteca tenemos un ejemplar.

Rosa Jiménez Villarín

Los finales de Daphne du Maurier

Con cierta frecuencia en este blog nos acercamos al debate de la relación entre el cine y la literatura al comentar libros que han sido llevados a la pantalla, con mayor o menor fortuna, con mayor o menor fidelidad. Una autora sobre la que se podría discutir ampliamente si sus obras fueron o no mejoradas por el cine es la escritora inglesa Daphne du Maurier (1907-1989). Posiblemente una de las novelistas que mejor vendieron su obra en el siglo XX -por la cantidad de libros que vendía y por lo que llegó a percibir por ellos y sus adaptaciones cinematográficas- Daphne du Maurier tuvo su época más popular como escritora antes de la Segunda Guerra Mundial, y aunque en la segunda parte de su vida escribió y publicó obras indispensables en su carrera, pasó a ser mejor conocida por las adaptaciones que otros hicieron de sus textos para el cine. La dificultad actual de encontrar sus obras en las librerías nos indica que ha pasado al enorme lote de “autores que merecería la pena recuperar”.

Dos de las más famosas adaptaciones de sus textos al cine fueron llevadas a cabo nada menos que por Alfred Hitchcock, quien en 1940 estrenó “Rebecca” basada en la novela del mismo nombre publicada en 1938 y de la que la autora vendió cerca de tres millones de ejemplares; y en 1963 “The birds” sobre un relato publicado en 1952 como parte del libro “The apple tree”, significativamente subtitulado “A short novel and several long stories by Daphne du Maurier”.

Desde la presentación del libro se plantea la duda sobre el género de la lectura -no es ninguna tontería para muchos lectores saber si se enfrentan a la complejidad argumental de una novela larga o la de una corta, si leerá una colección de relatos de dos páginas cada uno o de ochenta – a la que se añade, cuando leemos los libros, el encuentro con finales abruptos, insospechados, o que pueden llegar a parecer improvisados, y que han dado lugar a ríos de tinta por parte de quien los discute o escribe finales alternativos. “Rebecca” es una novela larga que dio lugar a una película de 130 minutos; “The birds” es un relato corto que dio lugar a una película de 120 minutos. Las dos son historias inquietantes (no diré nada más sobre sus argumentos) y el tratamiento que Hitchcock da a cada texto, totalmente diferente en lo que se refiere a fidelidad (en uno de los textos, para no dar más pistas, el final es el principio, y en el otro hay una protagonista inventada para el cine, que transforma totalmente el final).

De los otros “relatos largos o novelas cortas” que componen este libro de 1952 siempre podemos decir que encontramos finales cinematográficos, evocadores, ambiguos o que dejan puertas abiertas a lo que ha sucedido o a lo que sucederá después. ¿Qué es lo que realmente ha sucedido en “Kiss me again, stranger” desde el principio de la historia en la que un sencillo mecánico de automóvil coquetea con la acomodadora de un cine de barrio? Uno no lo sabe hasta el final. ¿Y el final de “The apple tree” en el que un viudo evoca, con resentimiento y amargura, a su esposa en su abandonado jardín? Uno lo sospecha desde el comienzo pero se deja atrapar por una lectura obsesiva que conduce a un final asfixiante. Es difícil leer otro de los relatos, “The little photographer”, sin imaginar la escena final -en blanco y negro, por supuesto- del coche bien alejándose, bien volviendo al lugar del crimen, aunque el texto nada dice de ello. Finalmente la novela corta “Monte Verità” y su evocador flashback nos describe el final desde el comienzo, vuelve hasta el final y sigue avanzando, como perdido entre las montañas que escalan los protagonistas y cuyo nombre misteriosamente nos oculta la autora.

Cuando Daphne du Maurier falleció en 1989 uno de los obituarios de los periódicos dijo “Du Maurier was mistress of calculated irresolution. She did not want to put her readers’ minds at rest. She wanted her riddles to persist. She wanted the novels to continue to haunt us beyond their endings.”

Honorio Penadés