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La vida negociable, Luis Landero

Siempre es un placer reencontrarse con Luis Landero y no ha sido menor en “La vida negociable”. Novela muy recomendable y muy completa pues a la trama y reflexiones que nos plantea se añade una magnifica prosa. De los libros que he leído de este autor he encontrado un tema recurrente que es la relación padres e hijos, quizás haya sido una coincidencia con los que he leído, pero también es el tema de este.

Narrado en primera persona por Hugo Bayo contándonos su vida, de como un engaño en su adolescencia le va a producir que se sienta muy defraudado por el comportamiento de sus padres. Esta mentira generará en él una gran necesidad de venganza. Su vida será marcada por estos acontecimientos.

Dividida en dos partes bien diferenciadas, en la primera el protagonista ve como se tuerce su vida al conocer la doble vida y doble moral de sus padres. En la segunda Hugo Bayo intentar rehacer su vida con muchos sueños, algunos disparatados entre sí.

Sin oficio ni beneficio ingresa en el ejército, lo que le va a cambiar su existencia, pues encuentra un oficio en el que su destreza era desconocida para él. Pero nunca le será satisfactorio, con la sensación de estar llamado para realizar grandes cosas y no quedarse en la mediocridad.

Durante el relato podemos comprobar la gran sensación de soledad y fracaso y sus reflexiones sobre quién es el responsable de todo ello. Fantasea mucho sobre sus posibilidades y se emociona fácilmente pero al final está atrapado en su propio destino. Perseguido por un destino del que huye continuamente.

“Entonces desperté de aquella breve pesadilla y me acordé de mi padre, y una vez más vino en mi auxilio aquello que decía de que todo en la vida es negociable, y que hasta con Dios se puede negociar. Y es verdad. Si no con todo, uno tiene que aprender a negociar con muchas cosas, empezando por uno mismo, y también la felicidad se negocia, y los sueños y las ilusiones también se negocian…”

Es el relato de un personaje que busca su lugar en el mundo, con un carácter tormentoso interior y exterior, que añora lo que no tiene y desprecia o no valora lo que ha conseguido. Es una vida mediocre con subidas y bajadas en el ánimo con períodos ilusionantes creyendo encontrar el verdadero camino y lugar en el mundo.

Reflexiones y vivencias de Hugo Bayo buscando su hueco, cargadas de fracaso, soledad, venganza, frustración e insatisfacción con un tema de fondo que es la relación con sus padres y de cómo marcan ciertas vivencias de la adolescencia. Hasta ahora Luis Landero no me ha defraudado y en nuestra Biblioteca tenemos obras muy interesantes de este autor.

Rosa Jiménez Villarín

 

Hoy, Júpiter, Luis Landero

Luis Landero ha sido un hallazgo tardío pero seguro para mí, su lectura engancha, con la historia bullendo en  la cabeza y con ganas de retomarla. “Hoy Júpiter” son dos historias paralelas de dos personajes  que se van intercalando y que acaban confluyendo en una sola.Hoy, Jupiter

La novela se estructura en cuatro partes, dedicando los capítulos impares a una historia y los pares a la otra. Uno de ellos, Tomás, es sujeto y a la vez narrador, cuenta su vida y la de Dámaso.

Uno de los protagonistas es Dámaso Méndez, muchacho que vive en un ambiente rural bajo la vigilancia de su padre y sin lugar para las diversiones, ve como es despojado de su idílico mundo familiar, de su posición en él, sintiéndose ninguneado por su padre.

“Bien, pues ya lo sabes, y que ésa sea tu primera lección, que no has de olvidar nunca: la vida es sólo un soplo y un sueño, los años te atropellan, las edades vuelan… Así que si quieres llegar a algo, tienes que darte mucha prisa.”

El otro, Tomás Montejo, luchador y conformista a la vez, hombre que vive en la ciudad, con una actividad profesional docente y con fantasías de ser escritor.

“Y a partir de entonces vivió ya para los libros. Sería lector, profesor, investigador, y quizá hasta escritor.”

De estas experiencias vivenciales tan amargas surge el odio y la venganza en Dámaso que viene desde la época de la adolescencia, en la que un padre frustrado, con ciertas ínfulas pedagógicas, y obsesivo con su hijo, intenta buscar la cualidad en la que destaca, sin encontrarla, y que  más tarde le dejara y será sustituido por otro muchacho con más encanto, llamado Bernardo Pérez Pérez.

Por otro lado  está Tomás, que su vida son las referencias, personajes y las historias que ha leído,  dedica sus días a sus libros y estudios hasta que conoce el amor, esto le cambiara su vida radicalmente. Estas y otras circunstancias propiciarán que se vaya construyendo un mundo interior desasosegante. Hasta que un día sus vidas se cruzan en la ciudad de Madrid. Y la novela toma otro cariz, la intriga forma parte del relato.

Uno de nuestros protagonistas, Tomás Montejo, es profesor de Lengua y Literatura, y hace numerosas referencias a obras literarias y autores de las mismas, haciendo un repaso al oficio de escribir, con sus ilusiones, sus incertidumbres y sus desilusiones cuando las cosas no se desarrollan como la imaginación del escritor había pergeñado. Al comienzo del relato entre algunas de sus lecturas está “El Tío Vania” de Chejov, haciendo referencia a que estos personajes nunca logran ser felices ; es como si nos adelantara que puede pasar en esta historia.

Si aún no conocéis a Luis Landero esta puede ser un buena ocasión y en nuestra Biblioteca podéis encontrar novelas de este autor

Rosa Jiménez Villarín

 

 

 

El invierno de Luis Landero

El pasado 8 de abril de 2015  el Seminario Permanente de Lengua y Literatura Españolas Contemporáneas, organizado por el Departamento de Humanidades: Filosofía, Lenguaje y Literatura,  la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación y la Biblioteca de Humanidades, contó con Luis Landero como escritor invitado. Tras su asistencia al acto, Yolanda García Fernandez , alumna del Máster de Teoría y Crítica de la Cultura, escribe la siguiente reflexión:

invierno 1

“En esta ocasión nos visitó en el seminario el escritor Luis Landero para compartir con nosotros su experiencia literaria. Una pregunta que se quedó en ese lapsus linguae en el seminario fue preguntarle al autor por ese invierno al que hace referencia el título de la novela. El escritor aclara en los primeros minutos de su intervención el sintagma nominal del título del texto, El balcón. Un espacio fronterizo entre lo púbico y lo privado. Sin embargo el sintagma preposicional del mismo queda velado, de invierno.

Se define como animal literario, y escénico añadiría yo. Domina la escena y al auditorio. Juega con sus propios lapsus linguae. Incluso pudiera parecer que sostiene cierta dejadez o desidia en la conversación, como alguien que ya ha repetido muchas veces los mismos presupuestos y se cansa de su repetición sistemática. Pero se adivina su experiencia, su savoir faire. La vida es el croupier que reparte las cartas y el ha jugado con habilidad las suyas. Siguiendo con su analogía, si la vida se divide en cuatro estaciones esta narración nace en ese último tramo vital en el que uno repara como asoma la hoja roja en el librillo de fumar que diría Miguel Delibes. Entonces uno sin temor a convertirse en estatua de sal se gira para mirar su pasado y repara en sucedidos que pasaron inadvertidos o a los que no se les dio la importancia que se esperaba ocupado en la fogosidad de su juventud y que sin embargo ahora cobran una dimensión especial.

Luis Landero en silencio consigo mismo se pregunta en su balcón qué hago yo aquí; ni dentro, ni fuera; ni contigo, ni sin ti. Apura la vida con pasión, con un whiskito y un verosímil recuerdo del baile con Sofía Loren. Porque, ¿qué son los recuerdos, sino nuestra particular selección de lo que hubiese podido suceder o no? Se confiesa amigo de sus amigos y me recuerda unos versos de Miguel Hernández.

Parafraseándole, ” En Alburquerque su pueblo y el mío se me ha muerto como del rayo Ángel Campos a quien tanto quería.”

Qué es este libro sino sus recuerdos. Recuerdos que no registró conscientemente hasta que la memoria se los devolvió convertidos en poesía. Isabel Allende en La casa de los espíritus, narra las vivencias de una familia. Clara, la protagonista escribirá en su diario hasta su muerte lo que ella llamará cuadernos de escribir la vida. Su nieta Alba encuentra estos cuadernos de su abuela Clara, y escribe la historia de su familia para que no se pierda su historia, para preservar su identidad. El balcón de invierno podría entenderse como su cuaderno de escribir la vida. La de la abuela Frasca.

El narrador niega la perfección formal en el arte literario, vacío de sustancia. Te Quiero, Eres Perfecto… ¡Ya Te Cambiaré! Grandes obras, supernovas literarias plenas de ingenio mientras brillan, agotadas a diez páginas del comienzo. Luis Landero nos anima a no perder o a recuperar si la hemos perdido la capacidad de asombro de la infancia. Recuerda que vives en un país lejano. El país de los cuentos que él añoró inocente en su pueblo. Paciencia, constancia, recogimiento, la potencia del alma concentrada pariendo, buscando en nuestra memoria nuestro mundo interior, destinados a contar quien sabe qué.

Cualidades necesarias para el narrador. Un moverse en lo concreto, en las ciegas marcas para que el olvido no devore lo que no se cuenta. Vivir es olvidar, olvidar es recordar. ¿Y cómo fue? ¿Y porque no sé más? ¿Por qué no le pregunté cuando estaba a tiempo? Sin embargo el paso del tiempo marchita la belleza, disminuye la capacidad de esfuerzo, obnubila la inteligencia. Esta es la gran tragedia. Este es el invierno. No son los dolores físicos, sino el asombro que como espectador extracorpóreo de nosotros mismos observa un cuerpo que se debilita al que ya no reconoce. El tic tac del reloj del capitán Garfio avanza inexorable. A cada minuto somos aplastados por la idea y sensación de tiempo. Proust, nos dice Landero, abordará esa sensación también en La búsqueda del tiempo perdido en un intento de recuperar el pasado. El tiempo nos devora decía Baudelaire.

Métodos y tiempos. Métodos de medida del tiempo. No, no somos máquinas. El ser humano no puede automatizar la gestión de su tiempo para minimizar la cantidad de trabajo fijando tiempos estándar de ejecución de las cosas. No. En opinión de Luis Landero hay que experimentar, concentrar la mirada y la mente en las experiencias propias y ajenas, en la intuición imprecisa. El olvido no puede llevarse, dice el escritor, el archivo de recuerdos que atesoramos. La narración es un modo de contar la experiencia fenoménica del narrador. La fragua mezclará la imaginación y la experiencia para adquirir la significación al calor de las palabras.

Al calor de las palabras. Esta frase me recordó el fragmento del texto de Pablo Neruda, Confieso que he vivido que leímos en el ejercicio con Begoña Frutos en su seminario en la certeza, quizás atrevida, de afirmar el amor que Luis Landero ha profesado a las palabras como filólogo y profesor de Lengua y Literatura española y como no, en su carrera literaria.”

Yolanda García Fernández