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Recuerdos infantiles y “El viento de la luna” de Antonio Muñoz Molina

Hay que tener una cierta edad para recordar aquel día de verano, en la que muchos estábamos de vacaciones escolares, y vimos en la televisión de un bar como Neil Armstrong pisaba la luna. Este acontecimiento tan impactante y emocionante a los ojos de una niña, fue hace 50 años un caluroso 20 de julio.

Foto Irene Llinares

Armstrong se convirtió en el primer hombre que pisó la luna a la vez que decía “Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”.

El 50 aniversario hace que fluyan recuerdos y momentos muy agradables y por ese motivo es justo recordarlo con una lectura de Antonio Muñoz Molina “El viento de la luna”.

Novela ambientada en la ciudad imaginaria de Mágina que coincide con el período de la aventura del Apolo XI.

Es una novela de contrastes y cambios, visto a través de los ojos de un adolescente, que vive en un núcleo rural y la hazaña de llegar el hombre a la luna.

Refleja un momento de la sociedad española, que estando relativamente cerca, parece que hayan pasado muchos años, porque ha habido muchos cambios en la forma de vivir, de pensar y de afrontar los acontecimientos.

Entre estos cambios y contrastes, está nuestro protagonista, que pasa de la niñez a la adolescencia, cambios en su cuerpo, en sus inquietudes y curiosidades, en cómo se diferencia de sus padres y abuelos.

“Todo ha cambiado sin que yo me diera cuenta, sin que suceda en apariencia ningún cambio exterior. Siendo que soy el mismo pero no me reconozco del todo cuando me miro en el espejo o cuando observo las modificaciones  y las excrecencias que ha sufrido mi cuerpo, y que me asustaban cuando empecé a advertir algunos de sus signos.”

Cambios en la sociedad, contrastes entre los que son más tradicionales y los que asumen mejor las novedades, como es el caso de su tía.

“El último adelanto –dice mi tía Lola-. Se bate el helado, dándole a un botón, se pone en el molde, se guarda en el congelador del frigorífico y a la media hora ya puedes comértelo, y es mucho más sano y más sabroso que los de las heladerías.

Pero es que nosotros no tenemos frigorífico –dice melancólicamente mi hermana.

Ni falta que nos hace – dice mi abuela-. Para que lo queremos teniendo un pozo tan fresco.”

Cambios y contrastes en lo cotidiano, mientras la repetición de los acontecimientos año tras año, generación tras generación da seguridad a muchos con indiferencia hacia el mundo exterior, a nuestro protagonista le genera desasosiego y tiene inquietud por lo desconocido.

La narración comienza con el despegue del Apolo el 16 de julio de 1969 en la imaginación de un muchacho, que vive el despegue con mucha intensidad.

Recuerdos vistos desde la madurez, en ellos mezcla el itinerario de los astronautas, que sigue con pasión, con su quehacer cotidiano, mostrando su relación con los mayores, con su entorno, mostrando una familia muy apegada a las tradiciones haciendo el mismo trabajo que sus antepasados. En este discurrir de acontecimientos incluye recuerdos del pasado, algunos tratados con miedo, resquemor y medias palabras. Muestra la importancia de la educación tan influida y condicionada por la religión, educación basada en el miedo.

Novela lenta y prolífica en las descripciones muestra con gran maestría los cambios producidos en el muchacho y en la sociedad y reflejando muy bien la sociedad de finales de los años 60.

De lectura muy recomendable, tenemos ejemplares en nuestra Biblioteca.

Rosa Jiménez Villarín