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15 de octubre, Día de las Escritoras

En 2016, a iniciativa de la Biblioteca Nacional, la asociación “Clásicas y Modernas” y la FEDEPE (Federación Española de Mujeres Directivas, Profesionales y Empresarias) se empezó a celebrar el Día de las Escritoras, para dar visibilidad al enorme talento femenino que había sido orillado y ninguneado, con muy pocas excepciones, a lo largo de la historia de la literatura.

Se estableció que sería el primer lunes tras el 15 de octubre,  día de la festividad de Santa Teresa de Jesús, una de las mejores escritoras españolas de la historia.

En la Biblioteca de Humanidades nos unimos a esta celebración de la mejor manera posible, recomendando la lectura de libros escritos por mujeres en una selección que necesariamente ha de ser breve.

Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán

En varias ocasiones intentó Emilia Parzo Bazán ingresar en la Real Academia y siempre fue rechazada por el mero hecho de ser mujer. Pero ella no se arredró y siguió escribiendo obras como la que recomendamos, notable ejemplo del naturalismo que ella misma analizó en su serie de artículos La cuestión palpitante, con tesis tan “escandalosas” que llegaron a poner fin a su matrimonio (su marido, cuyo nombre hemos olvidado, llegó a exigirle que dejara de escribir). Es esta novela una descarnada descripción del medio rural gallego y de sus decadentes caciques, en contraste con la visión de un joven sacerdote recién llegado de la ciudad.

 

Orlando, de Virginia Woolf

Si se hace difícil hacer una selección de escritoras, asimismo es muy complicado elegir solo una obra de Virginia Woolf, adalid de la vanguardia literaria y del feminismo. Quizá Orlando, la historia de ese ser andrógino que se perpetúa a lo largo de los siglos sea uno de los más personales, pues para muchos se inspira en Vita Sackville-West, que fue su amante. Woolf fue una de las escritoras que más lucho por matar al “ángel de la casa” y que las mujeres tuvieran su “habitación propia” para vivir sus vidas sin limitaciones de ningún tipo.

El mismo mar de todos los veranos, de Esther Tusquets

Y concluimos esta breve selección con esta novela de la editora y escritora Esther Tusquets, un maravilloso monólogo de una protagonista que busca nada menos que la libertad y la felicidad en un mundo y una sociedad que hacen todo lo posible para que no se consigan. Una novela sensual y hermosa aunque con cierto toque melancólico y pesimista.

Por supuesto que podéis encontrar estas obras y muchas otras de estas mismas autoras y de otras en nuestra biblioteca. Animaos a leerlas en cualquier día, no solo en el de las Escritoras.

“Amor de amortajar”

 

De nuevo se acerca el 25 de noviembre, Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer y, de nuevo, recordamos el asesinato de las hermanas Mirabal por Rafael Leónidas Trujillo, que tan bien recogió Mario Vargas Llosa en su novela “La fiesta del chivo”.

Yo, además, no he podido evitar pensar en aquel poema de Juana Castro, titulado “Amor mío” , del que hemos tomado prestado uno de sus versos para dar título a este post, y que hace referencia al agresor diciendo:

Compañero mi amigo

mi enemigo.

 

Y es que esta poeta cordobesa ha sabido transmitir de forma clara, visual y sonora esa relación que doblega y esclaviza

Amor de amoratarse amor que es amoldar

y mancillar.

Amor de amenazar amor de amurallar

amor de amartillar

y de amasijo.

 

Amor de amortajar.

[…]

 

Es el amor que amengua que amuralla

que amortece y amarra.

Amor de amuñecar amor que es amputar

amor de amilanar

y de ambulancia.

 

Amor de amordazar.

[…]

 

Pero si algo me sorprendió en este vínculo entre poesía y violencia de género, fue el descubrimiento del poema “El marido verdugo” que Carolina Coronado escribió en 1843. Poeta precoz (comenzó a escribir con tan sólo trece años), comprometida con temas de índole social y defensa de la mujer, fue objeto de la crítica directa de sus contemporáneos masculinos, que la bautizaron con el término “poetisa”, en sentido despectivo.

 

Nunca el verdugo de inocente esposa

con noble lauro coronó su frente:

¡ella os dirá temblando y congojosa

las gloriosas hazañas del valiente!

 

Ella os dirá que a veces siente el cuello

por sus manos de bronce atarazado,

y a veces el finísimo cabello

por las garras del héroe arrebatado.

 

Que a veces sobre el seno transparente

cárdenas huellas de sus dedos halla;

que a veces brotan de su blanca frente

sangre las venas que su esposo estalla

 

Si hablamos de poesía actual, no podemos olvidarnos de Jhonana Patiño, que ha convertido a su poemario “Ébano” en una obra de denuncia social, abordando, entre otros temas, la lucha contra la violencia de género. Como prueba, os dejo los siguientes versos, tan directos y sangrantes como los golpes que menciona.

 

El problema no era el golpe,

ni el insulto,

tampoco el dolor

o la sangre en el piso.

 

El problema no era la cicatriz en el cuerpo

ni la culpa que sentía,

mucho menos la vergüenza.

 

El problema no era mi cuerpo

no eran,

ni mis ojos,

ni mi color.

 

El problema era mi condición

ser mujer, ese era el problema.

[…]

El problema era una historia contada por hombres

y padecida por mujeres;

eran niñas vestidas de rosa para que fueran más puras

y niños pintados de azul para que fueran más rudos,

el problema no era el golpe en la cara,

era el permiso de todos,

el creer que era natural,

el sentir que era bueno,

el tolerar por miedo.

 

 

 

 Y dejamos Colombia, para adentrarnos ahora en Argentina, con el poema “Por qué grita esa mujer” de Susana Thénon, que junto con Juana Bignozzi (1937) y Alejandra Pizarnik (1936-1972), conformaron la llamada generación del ’60.  Aquí nos presenta a una mujer que grita, sin que nadie la comprenda, hasta que deja de gritar… y entonces queda relegada al olvido…

¿por qué grita esa mujer?

¿por qué grita?

¿por qué grita esa mujer?

andá a saber

 

Y, precisamente, para que nadie olvide, María Luisa Viu, en su poema Confesiones, nos dice:

Confieso que he pecado de omisión
por no llamar al 016, ni al 091,
por no llamar a nadie, para qué,
no habría servido ni llamar a Dios,
la línea siempre comunica.

Por eso ruego a la justicia siempre ciega,
a los jueces, a los gobernantes y a vosotros
compañeros que no se frivolice más en la tele,
menos anuncio y más leyes y que intercedáis
por mí ante el Dios de la palabra y la poesía.
Como la excomunión la tengo asegurada.
Tened misericordia de mí, perdonad mi pecado
y deseadme una vida plena y sin anuncios
de famosos que no saben lo que hacen.

Así sea.

E. Martínez

Si es amor, no duele de Iván Larreynaga y Pamela Palenciano

Hemos crecido rodeadas de historias de amor. Historias en las que una princesa sufría una serie de desventuras hasta que al fin conocía a su príncipe azul que la salvaba de todo mal con su beso.  Todo acababa ahí, con ese beso, y nunca se contaba si el príncipe roncaba, o era un poco guarrete, o le gustaba “beber una gotica”… Tampoco sabíamos si la princesa iba a los toros con minifalda, y lo que el príncipe opinaba de ello. Yo estoy jugando con los estereotipos, pero Pamela Palenciano, en este libro escrito por Iván Larreynaga a partir del monólogo No solo duelen los golpes, nos cuenta una historia, la suya, en la que lo que el amor deja de ser un juego,  y ella descubre que su novio Antonio no se parece al príncipe de los cuentos.

A ver, lo que sucede es que a mí me contaron el cuento del príncipe azul que iba en busca de la princesa rosa. Hoy en día, no, eso es muy carca, así que hoy cuentan estos del vampiro pederasta que se enamora de la muchacha. Sí, pederasta, leíste muy bien. Y si no sabes qué significa, busca en el diccionario: pederasta. Es que…, veamos, ¿ese tío cuántos años tiene? ¡Tiene ciento diecisiete años! ¿y eso qué es?

No os voy a contar toda la historia, basta deciros que Pamela se da cuenta mucho tiempo después de terminar su relación que ella había sufrido violencia machista, y eso es algo que sucede con más frecuencia de la que pensamos, porque muchos de esos comportamientos violentos son considerados absolutamente “normales” por un gran número de personas. Así que ella nos anima a ponernos las gafas violetas y estar alertas para detectar todas las trampas que nos ponen en el camino de la igualdad.

Yo no he visto el monólogo, pero soy capaz de imaginarme a Pamela contándome su historia mientras leo este libro. Por si vosotros no habéis tenido la oportunidad de conocerla (aunque ha venido alguna vez a nuestra universidad) os dejo con este vídeo.

Marian Ramos